摘要:Venezuela vive actualmente una coyuntura crítica en la que combinan cambios políticos radicales y abundancia de recursos provenientes de los altos precios internacionales del crudo. Desde la campaña electoral presidencial del año 2006, el presidente Hugo Chávez anunció la implantación de un nuevo modelo económico y político al cual bautizó como socialismo del siglo XXI. Ahora que fue reelegido, ha anunciado el arranque de los así llamados cinco motores del nuevo régimen. Puede que estos motores sean nuevos, pero el socialismo de Chávez se está alimentando del viejo rentismo petrolero. No cabe duda que los cambios en la actual coyuntura serán radicalmente profundos. Con la nueva reforma constitucional se pretende acabar con las desviaciones capitalistas de la Constitución de 1999. Mientras ella se produce, el gobierno adelanta políticas antiimperialistas, de nacionalización y regulación económica. Los chavistas se agrupan en el Partido Socialista Unido de Venezuela (aunque no sin cierta resistencia interna). La oposición política, dividida en dos partidos, ensaya una nueva estrategia pacífica, electoral y de largo plazo para enfrentar al gobierno. Todo parece indicar que el nuevo esquema de cambio radical en lo económico y lo político será adoptado a marcha forzada y con poca o ninguna resistencia efectiva por parte de los partidos políticos y de la sociedad civil.
其他摘要:Venezuela is currently facing a new critical juncture that combines radical political changes with an economic boom driven by high oil prices in the international market. Since the 2006 electoral campaign, President Hugo Chavez announced a new program of radical economic and instructional change: the XXI century socialism. Once reelected, Chávez has started the so-called five engines of the new regime. These engines may be brand new ones, but they still fuelled by the old oil-based rentistic model. Nonetheless, the new wave of political and economic changes will be deep and radical. The new constitutional reform is aimed to correct the capitalist deviations of the 1999 constitution. Meanwhile, the government has launched a series of anti-imperialist policies, nationalizations and new market regulations. Chavezs followers are ready to join the Venezuelan Unified Socialist Party (although some of them with hesitation). The opposition, divided into two parties, attempt to launch a peaceful, electoral and long-term political strategy, but it seems to be clear that the new and radical economic program and the new institutional design will be implemented without any major resistance from the opposition parties and civil society.