Si el campo de lo estético y el campo de lo real son igualmente extensos, la utopía vanguardista se ha cumplido, pero esto no es un triunfo sino una derrota, quizás la más radical de todas las derrotas. De aquí en adelante el arte ya no podrá ser más considerado ese espacio otro, desde el cual, de una forma misteriosa, una parte de la humanidad interpelaba a cada uno de los seres humanos y a la generalidad del mundo.