摘要:1. Como es sobradamente conocido, la tesis central de Conocimiento e interés consiste en la afirmación del carácter no neutral, sino orientado por motivaciones extrínsecas, del conocimiento humano. No se trata, por supuesto, de una idea enteramente novedosa: la invocación a la pluralidad de intereses que subyacen al conocimiento surge con el despuntar mismo de la época moderna (siglos XVI-XVII) 1 , como un intento de reivindicar un vínculo entre lo cognoscitivo y lo técnico que diera por definitivamente superado el sesgo contemplativo que había definido a la actividad teorética durante toda la Antigüedad. Por otro lado, cabe atribuir a Nietzsche el mérito de haber sido el primero en arremeter sin contemplaciones contra la epistemología clásica, tras descubrir en la empresa del conocimiento humano una mera proyección compulsiva de intereses y afectos –y es inevitable mencionar, en este sentido, su breve escrito Sobre verdad y mentira en sentido extramoral. ¿En dónde reside, entonces, la aportación específica de la obra de Habermas? ¿Es algo más –podríamos preguntar-nos– que una gélida diatriba contra el positivismo, innecesaria ya en el momento de su publicación? Dejando a un lado sus aspectos más estrictamente académicos –los dilatados análisis de Peirce, Dilthey o Marx, por ejemplo–, hay elementos que confieren a Conocimiento e interés una especial relevancia dentro de la trayectoria de su autor y, por extensión, dentro de la discusión filosófica de los últimos decenios. Los estudiosos de la obra habermasiana coinciden en situar esta obra en una fase inicial y, por así decirlo, “propedéutica”, dentro del conjunto de su producción; el propio Habermas no ha dudado en señalar su carácter introductorio respecto de empeños más ambiciosos, y ello explicaría, en buena medida, la menor atención que ha venido recibiendo de parte de sus comentaristas y exégetas. Hay coincidencia en señalar que la aportación más valiosa de Habermas llega a partir de los años setenta, con títulos como Teoría y praxis y, en especial, la Teoría de la acción comunicativa. (Posteriormente, añadiremos por nuestra cuenta, obras como El discurso filosófico de la Modernidad y Pensamiento posmetafísico nos muestran a un Habermas ya aposentado en una cierta retaguardia filosófica, husmeando con desconfianza todo aquello que pudiera delatar la presencia del bacilo